jueves, 17 de enero de 2013

El himen de la Gracia Plena

No soy muy creyente, que digamos. Ni siquiera me fijo en los avisos que escribe Dios en los puentes y en los muros de la ciudad. Tampoco creo a pie juntillas en los milagros del himen y menos en el tropel de santos que supera en mucho a los dioses del panteón politeísta. A pesar de esto, (confieso mi fanatismo) adoro el Ave María. Me la sé en latín completa y la predico siempre como un Sama de Veda intimidad. Alguna vez, de niño, tuve escapulario, decía el rosario y soñaba que ella, la del Carmen, tenía para mí una lámpara que ardía con los canfines de la Gloria. Adoro con delirio el Ave María de Schubert. Adoro las versiones de Sinatra, Pastori, Libertad, Jardim, Streisand, Dion, Bocelli, Callas y más de cien opciones dilectas que no me canso de acunar por horas, como un sosiego ritual de barcos en alta mar. A todo esto, la versión bilingüe (francés y español) de Jairo es la que más me alumbra en este rito de atisbar el faro de la Virgen. No hace mucho, en un Mall de San José, (golpe de suerte repentino) Jairo apuntaba el nombre de la gente en uno de sus discos. “Maestro, su versión del Ave María es la mejor de todas”. El cantante estampó su firma con pulso alegre, se puso de pie y me dio la mano. Esa tarde me volví mucho más devoto del himen intacto de la Gracia Plena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada